¿Qué hace un gestor cultural? Una profesión que demanda abordajes multidisciplinarios
Al hacer referencia a la gestión cultural como un campo de conocimientos multidisciplinares es necesario anotar que ésta no se conforma como un espacio en el que se asientan múltiples áreas de saber, sino que se constituye como la conformación de un espacio desde el que se articulan diversas disciplinas para abordar los asuntos del desarrollo cultural. En este sentido, la gestión cultural, como un campo de conocimiento, es un campo expandido en el que se articulan diversas disciplinas y sus modelos metodológicos se sustentan en las relaciones multidisciplinarias y en la manera en cómo son dispuestos los diversos saberes y sus distintas maneras de obtenerlos. Como lo explica Navarro:
la gestión cultural se nutre de un universo amplio, de múltiples que se relacionan y se intercambian en redes de significados, y que reconocen su particularidad, pero que no pueden ser pensadas desde un punto de vista instrumental sino desde la necesidad de articular campo de saberes, que van desde procesos, tiempos, dimensiones, causas, contextos, perspectivas e intenciones diferenciadas, que se construyen de acuerdo a la conjunción de los diferentes elementos que la integran. (2016, p.4)
Es decir, que la gestión cultural como campo de conocimiento es un eje articulador de múltiples campos disciplinares orientados al desarrollo de modelos de trabajo específicos, desde los que se proponen formas de abordar el desarrollo cultural en contextos particulares. En este sentido, nuestro enfoque de la gestión cultural no constituye una disciplina per se, sino un campo de conocimiento desde el que se articulan, cruzan, conectan e interactúan diferentes áreas de conocimiento y campos disciplinares con la finalidad de construir procesos e intervenciones culturales que trasciendan en las diversas esferas de la vida social y cultural de las personas.
Desde esta perspectiva, la gestión cultural como una práctica profesional implica el desarrollo de conocimientos, habilidades, competencias y capacidades que permitan a quienes han elegido dedicarse a este campo profesional una pertinente y atinada planeación de modelos de trabajo mediante los que se busca la construcción de una vida cultural plena de acuerdo con los contextos específicos y diferenciados por sus necesidades de intervención y procesos de transformación. Es decir que, como campo de desarrollo profesional, el ejercicio de la gestión cultural requiere perfiles profesionales con amplias capacidades de comprensión en diversos campos de conocimiento, así como habilidades de organización, planeación, evaluación, etc., que posibilitarán un adecuado desarrollo del encargo y funciones que se asumen.
El enfoque de la gestión cultural como un campo de desarrollo profesional constituye uno de los debates actuales, en los que estudiosos e investigadores en el tema han contribuido a su entendimiento y en los que se enfatiza la necesidad de formación y/o capacitación de las personas dedicadas a su ejercicio. El encargo social de esta profesión es muy contemporáneo y responde a un reclamo actual, directamente vinculado a las políticas culturales y a la necesidad de establecer y fortalecer las estrategias y las acciones de los procesos de intervención cultural. Laura Román explica que:
la gestión cultural nació como una herramienta y en poco tiempo se convirtió en una profesión. “¿Y qué se necesitó para convertirla en una profesión? Tres elementos sustanciales: desarrollo, comunidad y riqueza cultural que configuraran otra mirada a la gestión cultural, sus posibilidades y los para qué de su existencia. (2011, p. 10)
En este contexto, el gestor cultural se convierte en un amplio y necesario recurso para lograr las intervenciones y los procesos desde donde se construyen las propuestas orientadas a las transformaciones culturales y sociales. Este enfoque coloca al gestor cultural como un recurso humano, intelectual y operativo, cuyo campo de acción son los procesos y proyectos de desarrollo cultural. Martinell explica que los agentes culturales, de acuerdo con los principios y finalidades en las que se desarrollan, adquieren un protagonismo que podría resumirse en las siguientes funciones genéricas, que presentan una visión bastante acabada del ejercicio de los gestores culturales y, a la vez, contribuyen a una caracterización de dicha práctica:
Analizan e interpretan la realidad de la propia sociedad, dan una respuesta a sus problemas, demandas o necesidades, y auto-organizan servicios para su bienestar.
Posibilitan y canalizan la participación y la incorporación de grupos y personas a los trabajos y a la acción para su comunidad, originando un proceso desde la privacidad y el individualismo a la acción publica y social.
Son aglutinadores y creadores de estados de opinión sobre temas que les afectan y sobre la creación de las condiciones necesarias para difundir sus opciones, con la finalidad de que se tenga en cuenta un determinado tema.
Pueden ayudar a estructurar y construir las demandas de carácter social, cultural y educativo que concentran estados individuales o grupales, y trasladarlas de forma colectiva, a las organizaciones y al aparato de la administración del Estado.
Son una plataforma para fomentar la auto-organización de servicios y la asunción de responsabilidades públicas por sistemas de delegación en la prestación de servicios.
Ejercen una función prospectiva, al descubrir y evidenciar nuevas necesidades o problemáticas de la sociedad y despertar una preocupación en los estamentos oficiales por esos temas. (1999, p. 3).
Referencias
NAVARRO, A. (2016, octubre 18-20). Gestión cultural. Significaciones, caos e indisciplina para la formación. Segundo Congreso Latinoamericano de Gestión Cultural, Cali, Colombia.
MARTINELL, A. (1999). Los agentes culturales ante los nuevos retos de la gestión cultural. Revista Iberoamericana de Educación.
ROMÁN, L. (2011). Una revisión teórica sobre gestión cultural. En Revista Digital de Gestión Cultural, 1(1). Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Recuperado el 22 de octubre del 2021.